| 07/01/2010
El libro de los padres, novela calurosamente acogida por la crítica, que ha llegado a compararla con Cien años de soledad, es una monumental saga familiar que recorre la historia de Hungría desde 1705 hasta 1999 a través de las historias particulares de los primogénitos de doce generaciones de una misma familia.
Entrevista de Eva Orúe
Miklós Vámos nos atiende desde Budapest, «BudaBest» bromea, ciudad que un día abandonó pero al que siempre supo que volvería, capital de una Hungría que está también en el centro de sus preocupaciones personales y literarias. El libro de los padres, saludada por la crítica internacional como una obra mayor y que algunos emparentan con Cien años de soledad, es la historia de 12 generaciones de varones, y es también la Historia de este país atribulado. Y es, hay quien lo afirma, «la gran novela húngara».
- Recientemente, tuvimos la oportunidad de leer uno de sus trabajos, un cuento incluido en la antología 1989, relatos de escritores de ambos lados del Muro de Berlín. Pero, ésta es su primera obra mayor traducida al castellano. ¿Qué siente?
Estoy emocionado, es un honor para mí que la gente me pueda leer en el idioma de Miguel de Cervantes, Lope de Vega, de Vargas Llosa y García Márquez, si es que el de estos escritores puede ser considerado un mismo idioma. Si le soy sincero, una de mis novelas favoritas desde hace mucho tiempo es Cien años de soledad, que fue traducida muy pronto al húngaro.
- Curiosamente, las referencias a Cien años de soledad son una constante en las excelentes críticas que su novela ha cosechado tanto en EE UU como en Gran Bretaña. ¿Siente que pertenece a la misma tradición literaria que García Márquez?
Sé que no es una respuesta muy modesta pero sí, yo también intento crear mi propia mitología y ambos somos escritores realistas con una fuerte inclinación al surrealismo. Debo añadir que le envidio. Y que estoy enfadado con él, porque no contestó una carta que le envié. Escribí un libro titulado Márquez y yo. Mi agente me dijo que conocía a su agente y que podía mandarle un ejemplar, cosa que hicimos. Adjunté una amable carta, pero no le importó. Fue hace un par de años, así que ya le he perdonado y olvidado.
- Antes de hablar de El libro de los padres necesito que me aclare si alguno de sus antepasados tuvo el don de la clarividencia.
Desgraciadamente, ninguno, nunca oí de ninguno que tuviera esa capacidad. Pero hay muchas cosas que no sé, así que ¿quién sabe? Bueno, en realidad yo sí tengo un cierto talento en ese terreno… pero sólo en la literatura. Por ejemplo, en una novela publicada en 1995 (You Can’t Have but One Mother) le dí hijos gemelos al protagonista: ocho años más tarde nacieron mis hijos gemelos. Y hay más casos similares en mis libros. Le confieso que a veces, me doy miedo a mi mismo.
- Se lo preguntaba porque he leído que esta novela, en la que ese don es regalo común, está vagamente basada en su propia familia…
Bueno… no tengo una respuesta breve para esa pregunta. El libro de los padres fue mi vigésimo libro en Hungría, y la novena novela. Antes había escrito una sobre mi madre, enferma mental maniaco-depresiva. Su carácter era, para mí, como el socialismo que dominó nuestro país durante cuatro décadas: era tiránica, injusta, cruel e impredecible… y bastante divertida. Aclaro que yo nací en 1950, por lo que crecí en una variedad «suave» de socialismo, que tenia su lado humorístico. Por eso, en los 80, pensé que le debía algo a mi padre, una novela sobre él. Desgraciadamente, era un hombre de muy pocas palabras, que había muerto cuando yo tenía 9 años, y no sabía mucho de su vida.
- Así que tuvo que investigar.
Sí. Fui a Pécs, al sur de Hungría, donde mi padre había nacido y donde había vivido mi familia. Los archivos revelaron algunos hechos enigmáticos: mi padre tuvo otros dos hermanos, y su padre también se llamaba Miklós Vámos. Ese Miklós, mi abuelo, había venido de Nagyvárad (la actual Oradea, en Rumanía) y fue propietario de una importante zapatería en Pécs. Su padre, Mendel Weissberger, había tenido una destilería en Budapest, pero había nacido en Homonna (ahora Humenné, en Eslovaquia). ¿Cómo podía mi bisabuelo ser dueño de una destilería en Budapest, y tener un hijo nacido en Nagyvárad? ¿Y cómo acabó mi abuelo con una zapatería en Pécs? ¿Y qué pasó con la destilería? No encontré respuesta para esas preguntas.
- ¿Entonces?
Lo que pude encontrar sobre mis antepasados y mi padre era apenas suficiente para una novela. ¿Qué hacer? Pensé: si no puedo escribir una novela sobre mi padre, ¿por qué no escribir una sobre cada padre húngaro? Decidí seguir el ejemplo de Plutarco, con sus Vidas paralelas, seleccioné a un centenar de padres húngaros del siglo XX, famosos y desconocidos, y empecé a escribir la historia de su vida. Pero era un poco aburrido… Así que opté por elegir a doce padres que representarían los 12 signos del zodíaco, cada tipo de cada varón húngaro. En el texto original, en cada capítulo el nombre del protagonista empieza por la misma letra que su signo.
El siguiente paso fue imaginarlos como el primer hijo varón de 12 generaciones en una misma familia, cada uno de ellos el padre del siguiente. Esto me proporcionó una estructura sólida y recta, y espero de corazón que el lector no tenga dificultades a la hora de seguir la historia, incluso en sus momentos más complicados. Era obvio que la historia de estos 12 hombres podía en cierto modo simbolizar los últimos 300 años de la historia de Hungría y de los húngaros como tales.
- ¿Por qué eligió ese modelo?
La estructura es consecuencia del estilo. Pensé que sería interesante utilizar en cada capítulo las palabras y la gramática del periodo en cuestión. Los tres primeros capítulos, que llevan la historia desde los primeros años del siglo XVIII hasta 1800, intenté utilizar únicamente palabras que existían en esa época. En húngaro se nota mucho, y es significativo, porque, hasta principios del siglo XIX, la nobleza y los intelectuales húngaros hablaban francés y alemán, sólo los pobres hablaban húngaro, y el húngaro de entonces tenía un vocabulario muy pobre. Uno de los acontecimientos más felices de la cultura húngara es el periodo de intensa renovación del lenguaje, hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX: escritores, poetas y lingüistas se unieron para crear el húngaro moderno, y lo hicieron creando un gran número de palabras nuevas. Soy consciente de que no es algo que se pueda recrear fácilmente en las traducciones a lenguas indoeuropeas en las que no se produjo ninguna revolución lingüística semejante, pero confío en que la traducción permita apreciar que el lenguaje de la novela rejuvenece conforme nos acercamos al tiempo presente. Por ejemplo, el capítulo que se desarrolla en los Estados Unidos está repleto de americanismo utilizados por los húngaros.
Fue fácil idear esta solución estilística, pero fue difícil de conseguir. Leí docenas de libros publicados en los años del capítulo en cuestión, tome un montón de otras, e intenté «aprender» las palabras antiguas y las expresiones. Hice el mismo tipo de labor para cada capítulo, pero la tarea fue simplificándose conforme nos acercábamos a la época actual.
- Henryk, el que vuelve a Hungría tras la caída del régimen comunista… ¿es usted?
No, no. Yo estuve unos años en Estados Unidos, primero como becado Fulbright en la Yale School of Drama, después por mi cuenta. Pero siempre supe que volvería a mi Hungría natal. Desde luego, algunas de mis experiencias allí aparecen en la novela, aunque modificadas en función de las necesidades del relato. En realidad, creo que la vida es más importante que la literatura, en consecuencia, siempre intenté destilar literatura de la vida, y nunca supedité mi vida a las exigencias de mis actividades literarias. Mi material de trabajo no es solo mi vida, también la de mis familiares, amigos, conocidos y cualquiera al que conozca, o sobre el que lea algo, o del que oiga algo. Quizá sepa que la única revista literaria húngara se llama Vida y literatura. Pues bien, en mi lista de prioridades ambos elementos están exactamente en ese orden.
- Quiero volver sobre algo que ya ha apuntado: que El libro de los padres es una extraordinaria saga familiar pero también un viaje a través de la historia de Hungría.
Verá, en realidad, casi no tengo familia y casi no tengo ninguna historia sobre el pasado de esa familia. Así que, por decirlo de algún modo, intenté imaginarme una, crear una. El libro de los padres no es una novela histórica, la Historia con mayúsculas es solo el trasfondo de la historia. ¡Ojalá pudiera escribir a partir del conocimiento histórico de mi propia familia! Pero no sé nada. Tuve que inventarme una familia porque perdí a la mía real.
- ¿No le contó nada su padre, ese hombre de pocas palabras?
Desde que supe que mi padre, destrozado por la Historia, no quería recordar el pasado y el hecho de que su familia entera fue destruida por los Nazis, creí que dotar a sus antepasados de un extraordinario talento para recordarlo todo sería una manera de hacer justicia. Pero no me desagrada que los lectores piensen que están leyendo la historia de mis antepasados. De la misma manera, creo que la Historia de Hungría en los últimos 300 años se puede seguir, más o menos, en la novela. Y cuando los lectores sienten que están siendo guiados a través de la Historia de nuestro país, lo tomo como una buena señal. Supongo que cuando la literatura puede ser leída como realidad, el escritor realista ha hecho un buen trabajo.
- Entonces, ¿es o no la historia de su familia?
Hay sólo un puñado de hechos autobiográficos en el libro. Mi padre luchó en la Segunda Guerra Mundial más tiempo de lo que el conflicto duró el realidad: lo llamaron para participar en unas maniobras mucho antes del estallido de la guerra, con la vista puesta en los antiguos territorios del Reino de Hungría que habían sido anexionados por países vecinos tras la Primera Guerra Mundial. Durante la Guerra propiamente dicha, fue soldado regular hasta que en virtud de la aplicación de las Leyes Judías, pasó a las brigadas judías de trabajos forzados, brigadas que se desempeñaban sin armas y precedían a las tropas alemanas en su avance hacia Moscú para limpiar los campos de minas. Él fue uno de los escasos supervivientes… Cuando el frente se hundió, huyó junto con otros, fue capturado por las tropas soviéticas y convertido en prisionero de guerra. Pero no estuvo en el hospital que describo. El hospital existió, y los hombres eran asesinados tal y como lo cuento, pero mi padre no fue uno de ellos: escapó con un amigo, y tardó varios meses en volver a casa, a Pécs, donde llegó para constatar que era el único superviviente de su familia.
- La novela es, entre otras cosas, una reflexión sobre el ser judío…
Yo ni siquiera sabía que yo era judío. Cuando en la escuela de primaria mis compañeros de clase expresaban sentimientos antisemitas, yo seguía su ejemplo, en la convicción de que «Judío» era una palabra malsonante como cualquier otra. En el bachiller, una amiga me preguntó si yo era judío: le contesté que no. Luego, se lo comenté a mi padre, y le dije que yo sabía que no teníamos nada que ver con los judíos… Mi padre se ajustó las gafas y me dijo: «Bueno, no estoy tan seguro». Nada más. Y así aprendí que era judío. No hablo hebreo, ni yiddish; no conozco las costumbres, las normas, los rezos. Sin embargo, cuando oigo algo antisemita sé que soy judío.
- ¿Qué pasó con su padre?
No sé cómo llegó a ser secretario de un ministro, László Rajk, que fue víctima de una farsa judicial y ejecutado. Mi padre tuvo suerte y evitó ir a juicio. Trabajó durante siete años en una fábrica antes de enfermar y, tras una larga temporada entrando y saliendo del hospital, murió.
- La Historia de Hungría es turbulenta, prieta de episodios relevantes. ¿Es una novela la mejor manera de explicarla?
No, y no era ése mi propósito. Una novela (si hablamos de ese género tradicional) intenta contar historias y mostrar personajes que son lo suficientemente interesantes como para que los lectores se pongan en su piel. Y eso es todo lo que yo quiero hacer, y no sólo en El libro de los padres, hasta ahora he escrito 13 novelas.
- Los protagonistas de El libro… son varones, las mujeres pintan poco. Déjeme que le diga que, siendo mujer como soy, es difícil de aceptar…
Bueno, lo siento. ¿La tranquilizo si le digo que en 6 de mis 13 novelas la protagonista es una mujer o una niña?
- Aceptado. Al final de la lectura, hemos disfrutado de 12 relatos que podrían ser independientes…
Sí, así es como funciona la novela. Cada libro crea sus normas, y dependen del lector lo cómodo que él o ellas se sienta en el mundo del libro, si quiere cumplir con esas normas o, al contrario, quiere romperlas.
- … y hemos vivido episodios históricos de primera magnitud: pogromos, la revolución de 1848, la puesta en práctica de las leyes que restringen los derechos de los judíos, la sumisión del país a Hitler, su rendición al poder soviético. ¡Es abrumador! Sospecho que existía el riesgo de convertir el relato en una mera acumulación de hombres y acontecimientos.
El riesgo estaba allí, y no estoy seguro de que el camino escogido por mí sea el más fácil para todos los lectores. Pero los caminos sencillos son cortos y olvidables…
- Hay reflexiones sobre la nacionalidad, la astrología, la música…
Intenté abordar los asuntos más importantes de los países de la llamada «Europa del Este», el «bloque soviético», y son asuntos que aun hoy aparecen en prácticamente todas las conversaciones, en la prensa y en los cafés.
- En Estados Unidos, país que conoce bien, siempre andan en busca de «The Great American Novel». ¿Es El libro… la gran novela húngara?
¡Eso son palabras mayores! Pero algunos lectores, y algunos críticos, lo piensan, sí. Lo único que yo tengo que hacer es creerlo… pero para lograrlo, necesito practicar más. Espero que algunos lectores y críticos españoles lo crean también.
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