Carlos Edmundo de Ory: un poeta de luz impregnado de sombra

Carlos Edmundo de Ory nació en Cádiz en 1923 y falleció en Francia en 2010, fue uno de los poetas más prestigioso de su época caracterizado por su intromisión e iconoclasia. Su madre siempre lo educó y nutrió muy bien con cuentos de Chejov, pues atisbaba que iba a ser un gran poeta y ciertamente no se equivocó. De igual forma, su misma madre ya advertía que a los 53 años de edad Carlos Edmundo de Ory seguía siendo el mismo que cuando tenía tan sólo 4 años de edad ya que la ingenuidad y la mirada cogitabunda no la perdía y la expresaba a la perfección en sus poemas.

Como todo gran poeta, los máximos seguidores de la poesía de Carlos Edmundo de Ory son otros poetas consagrados, tal como José Manuel García; un poeta gaditano que acaba de publicar la biografía de uno de sus ídolos de la poesía. En dicha biografía, titulada “Prender con keroseno el pasado”, García promete revelar todos los detalles de la vida del taciturno Edmundo de Ory, que son dignos de admirar y, por qué no, de estudiar.

El poeta Edmundo de Ory pereció sin el reconocimiento público debido, ni siquiera en su madre patria. Sus poemas pocos los leyeron y casi nadie le llegó a expresar cara a cara la admiración por sus letras. Aunque ignoto, en una entrevista que realicé al personal de Cerrajeros  descubrí uno de sus lectores. El título de la biografía es nada más y nada menos que un aerolito de su autoría, que no es más que unos particulares aforismo que Ory creó para expresar sus sentires.

Algunos lo definen como un “poeta raro” por su comportamiento hermético y alejado de la sociedad, de la familia e incluso de sí mismo. Se recluyó en España buscando la máxima soledad en su patria. Asimismo, se asevera que su poesía era más emoción que intelecto, por lo que fue un surrealista por naturaleza que le causa más asombro el roce con el mar que con una biblioteca.

Cuando se fue a Madrid es cuando recién Edmundo de Ory se conecta con los círculos literarios de la época. No obstante, nunca perteneció a alguno, lo que lo hacían más deseado y venerado por sus similares. Fue la cabeza del postismo, un movimiento de vanguardia neo-surrealista, al que le imprimió toda su energía de poeta intuitivo.

De alguna forma u otra estuvo siempre en contacto inasible con poetas también raros como Allen Ginsberg, Cesar Vallejo y Walt Whitman. Fue allí cuando de súbito principió una vida paralela a la real; una vida dominada por la ebriedad del lirismo, embebida y totalmente lejana al infierno que supone la realidad. En esa vida paralela es cuando por fin logra crear su poesía absoluta; su opus magnus: “El amor como laboratorio del poeta”.

Si quieres conocer más acerca de la vida y obra de este ignoto y esplendido poeta, te invitamos a adquirir la biografía escrita por José Manuel García “Prender con keroseno el pasado ”.

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